19/7/05

un hijo muerto

Y es que no puedo remediarlo: esa canción me sigue enamorando, es orgásmica. Para mí es un disco redondo, de principio a fin, y I Remember es el eje alrededor del cual gira el resto a distintas velocidades, eso sí, porque es un disco rápido y lento, de sentir y gozar, con arrebatos y pausas (F., perdona por el plagio). Adoro a Damien Rice.

Soñé con mi hijo, casi afirmaría que era una hija. Y murió en mis brazos en una iglesia lúgubre, fantasmal y oscura. El dolor me desgarraba; quería gritar, pero no existía el sonido. Me aferré a ella con fuerza, clavándole los dedos, como intentando que su muerte me absorbiera a mí también. La rabia caía a borbotones por mis ojos. Y algunas personas me miraban, impasibles, quizás intentaban hacerme entender que la vida es así, que nada había por hacer.

Me confieso atea, aunque en algo creo. Creo en el calor humano y animal, en el amor y el cariño, creo en la comunicación silenciosa, mucho más completa y real. Quizás por eso no puedo definir el amor, que viene a ser algo así como la fe, y dudo de mí misma (muy cursi, sí, pero soy lo que soy, no más). Por esto no deja de sorprenderme el escenario del sueño y que, a pesar de no creer en ninguna divinidad, me dirija hacia un altar; pero siempre las iglesias antiguas me han atraído con fuerza. Creo que esa del sueño no soy yo.

Tampoco esta noche sería yo si no fuera porque necesito que estés aquí. Necesidad absurda, quizás, pero necesidad al fin y al cabo. Aunque te siento cerca. Espero que estos días pasen rápidos, y estos meses y estos sueños, esplinados o no, para que pronto se hagan realidad.